Delirio es la más joven de los Eternos.
Huele a sudor, a vinos agrios, a noches largas, a cuero viejo.
Su reino es cercano, y puede visitarse; pero las mentes humanas no fueron hechas para comprender su dominio, y los pocos que han hecho el viaje han sido incapaces de describir más que diminutos fragmentos de él.
El poeta Coleridge decía haberla conocido íntimamente, pero el hombre era un mentiroso redomado, y en esto, como en tanto otro, deberíamos dudas de su palabra,
Su apariencia es la más variable de todos los Eternos, quienes, en el mejor caso, son ideas vestidas con apariencia de carne. La sombra y perfil de su sombra no guarda relación con ninguno de los cuerpos que viste, y es tangible, como terciopelo viejo.
Algunos dicen que la tragedia de Delirio es saber que, a pesar de ser más anciana que los soles, que los dioses, siempre será la más joven de los Eternos, que no miden el tiempo como hacemos nosotros, ni ven los mundos a través de ojos mortales.
Otros niegan esto, y dicen que Delirio no posee tragedia alguna, pero hablan sin pensar.
Porque Delirio fue antes delicia. Y aunque eso fue hace mucho, incluso hoy sus ojos están desparejados: un ojo es de un vivido verde esmeralda, manchado de puntos de plata que se mueven ; su otro ojo es azul, como una vena.
¿Quien sabe lo que ve Delirio, a través de sus ojos desparejados?








Deseo es de altura media. Es poco probable que ningún retrato pueda hacer justicia de Deseo, ya que verla (o verle) es amarle (o amarla)… apasionadamente, dolorosamente, hasta la exclusión de todo lo demás.