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Dokomho me envía un meme un tanto inusual. Se trata de escribir una historia a partir de la ultima frase de la historia de quien te lo envió. Me ha quedado bastante largo, soporífero diría yo, así que este no se lo reenvío a nadie, si alguien quiere hacerlo por puro gusto yo encantada
La ultima frase de Dokomho era ” La portada es sencilla, las letras del título están escritas en oro.” He modificado el tiempo verbal, espero que no sea trampa ^_^! Ahi va mi historia:
-Vamos nena, ya es hora de que te vayas a la cama. ¿Ya te has lavado los dientes?
- si mama, pero no tengo sueño, déjame un ratito más.
- Es tarde y mañana hay que madrugar, vamos, a la cama.
- Vuélveme a contar la historia de la abuela.
- ¿Otra vez? Ya la has oído muchas veces.
- pero no tengo sueño, por faaa.
- Ains… esta bien, métete en la cama y tápate.
Zoe así lo hizo, se metió en la cama y se quito los calcetines. Hundió la cabeza en la almohada y espero impaciente a que su madre se sentara en el borde y empezara a contar una vez más su historia favorita.
“Era domingo de navidad, yo tenia 13 años y me desperté temprano, me puse la bata y corrí hacia el salón entusiasmada por abrir mis regalos, pero cuando llegué solo encontré una nota sobre la mesa que decía “Cariño estamos en el hospital, espéranos en casa y no te preocupes, volveremos pronto” La caligrafía era de mi padre, estaba desconcertada, fui a mi habitación y me puse el chándal que había llevado el día anterior, cogí las llaves de repuesto que mi madre guardaba en un cajón del recibidor y me disponía a salir por la puerta cuando esta re abrió de repente. Era mi tía Lucrecia.
Lloraba. Yo no me atrevía a preguntar y sin pensarlo dos veces me abrace a su cintura.
Mi tía se agacho y sin dejar de rodearme con sus brazos me contó que mi madre había empeorado durante la noche.”
- Mama…
- No te preocupes nena, eran otros tiempos. La medicina ha avanzado mucho desde entonces, no debes pensar en eso.
- Pero yo…
- Me parece que esta historia es demasiado triste para una niña de tu edad.
- No no, sigue contando por favor, te prometo que no diré nada.
“Mi tía entro en el cuarto de mis padres y cogió algo de ropa y unos papeles. Enseguida salimos de casa camino del hospital. Cuando llegamos mi padre estaba sentado en una de esas sillas de plástico que inundan las salas de espera. Tenia los ojos hinchados y la nariz roja, pero cuando me vio se levantó como si nada y vino hacia mi con una sonrisa forzada. – Que bien que estés aquí cariño, deberías entrar a ver a tu madre, seguro que le hace mucha ilusión verte.
La habitación olía a alcohol y me costaba respirar. Mi madre estaba sentada en la cama y rodeada de almohadones. Me miro, y en apenas un susurro me pidió que me acercara. Me quede a pocos centímetros de su cama, estaba pálida, me daba miedo que si me acercaba un poco más se rompiera en mil pedazos. Estrecho mis manos entre las suyas y me dijo, - Nena, este año no he podido ir a comprarte un regalo, pero hay algo que llevo guardando para ti desde hace mucho tiempo. En el último cajón de la cómoda de mi cuarto hay una caja de madera, dentro esta mi regalo. Me hubiera gustado esperar un poco más para dártelo, pero ya eres toda una mujer, guárdalo como un tesoro”
Zoe saco de debajo de su almohada un viejo cuaderno y lo sostuvo contra su pecho.
“Aquella noche cuando llegue a casa no pensé en las últimas palabras de mi madre, me encerré en mi cuarto y rompí a llorar. No puede dormir en toda la noche.
Mi tía organizó un funeral precioso. Estaban todos mis familiares y algunas personas que yo no conocía. Al terminar todo el mundo lloraba y me abrazaba. Aun recuerdo esa sensación, como un gran peso que se va evaporando con cada palabra de consuelo.
Cuando termino mi padre se quedo hablando con mis tíos. Me adelanté hasta mi casa. Entre en la habitación de mis padres y abrí el ultimo cajón de la cómoda. Allí estaba la caja de la que me había hablado mi madre, dentro había un cuaderno. La portada era sencilla, las letras del título estaban escritas en oro. Lo sostuve unos minutos entre mis manos antes de poder reaccionar, una vez más me saltaron las lagrimas, apenas llegaba a intuir la silueta de las doradas letras cuando me vinieron a la cabeza unas palabras que mi madre siempre me decía cuando yo me ponía triste y lloraba. Las lágrimas ya no importaban, antes de leerlas lo supe, esas mismas palabras eran el titulo del cuaderno que resultó un diario que mi madre comenzó a escribir el día en que yo nací, “al cerrar los ojos arden los límites”.“








novela. La historia no es precisamente agradable, va de un timador sin corazón, sin esperanza ni moral. Va de una historia burlona y absurda que por momentos te hace odiar al personaje a la vez que te preguntas ¿por que no soy como él?
Deseo es de altura media. Es poco probable que ningún retrato pueda hacer justicia de Deseo, ya que verla (o verle) es amarle (o amarla)… apasionadamente, dolorosamente, hasta la exclusión de todo lo demás.